Correr como niños

Correr probablemente representa uno de los placeres más simples de la vida.

Es tan sencillo como calzarse unas zapatillas y lanzarse a correr de forma relajada. Ya se encargará nuestro cerebro de alinear nuestras piernas, cuerpo y brazos de acuerdo a nuestras características físicas del momento.

De modo espontáneo nuestra forma de correr será tan trivial como respirar, no tendremos que pensar en ello. Como decíamos al empezar, será el cerebro el que se encargue de recordarle a nuestro cuerpo cómo corríamos de niños.

Seguramente por un exceso de vida sedentaria, habrá ocasiones en las que nuestro cuerpo no encontrará esa postura cómoda para este correr como niños que predicamos. Es ahí cuando pueden aparecer molestias, fatiga, exceso de cansancio y derroche de energía y como resultado de todo ello, las temidas lesiones.

Por eso es muy importante cuando estamos empezando, aprender a descubrir ciertas señales de que algo no va bien, relacionadas con nuestra postura al correr. Por ejemplo: molestias en grupos musculares distintos a los que están directamente implicados en el movimiento, como la parte baja de la espalda; o exceso de cansancio para el que necesitamos tiempo extra de recuperación.

Al final todo se resume en una regla básica: hay que correr de la manera más natural y cómoda posible ya que para cada uno representa su forma más eficiente y correcta desde el punto de vista postural.

Los ejercicios de técnica de carrera pueden ayudar a corregir los errores más frecuentes (correr saltando, bracear en exceso, correr como si estuviéramos sentados, correr encorvados, mover excesivamente el tronco, elevar mucho las rodillas, correr de puntillas, dar zancadas muy largas, levantar en exceso las piernas por detrás, etc.).

Correr implica dos factores principales: la zancada o longitud de nuestro paso y la frecuencia o número de pasos que damos para recorrer una determinada distancia.

La zancada viene determinada por nuestro cuerpo y altura, lo ideal es buscar esa zancada natural que nos ayude a correr de manera más eficiente.

En la búsqueda de una zancada amplia, o lo que es lo mismo, en recorrer más distancia en cada paso, está uno de los errores típicos de los que están empezando porque al forzar nuestra longitud de zancada se producen fuertes tensiones musculares y por consiguiente, lesiones.

Probar a aumentar nuestra zancada debe hacerse cuando ya se tiene una cierta base y siempre sin alargarla en exceso. Ideal para personas altas, hay que tener en cuenta que nuestros pies estarán más tiempo en contacto con el suelo y que implica una mayor tensión muscular y articular.

Por el contrario la amplitud de frecuencia o rotación de nuestro movimiento de piernas, implica a la fuerza el acortamiento de nuestra zancada y menos tiempo de contacto con el suelo aunque eso sí, muchos más impactos. A efectos de articulaciones y músculos el aumento de frecuencia proporciona una tensión menor y a la larga la carrera será menos traumática para nuestro organismo.

Para aumentar la frecuencia suele venir bien fortalecer la musculatura y aumentar la potencia.

Ni que decir tiene que el tema de zancada y frecuencia es recurrente en los debates entre los expertos a la hora de qué es mejor. No existe consenso a la hora de recomendar aumentar zancada o ampliar frecuencia.

A lo largo del texto habéis intuido nuestro consejo. Si tienes altura puedes intentar ampliar poco a poco tu zancada. Si no es así, puedes centrarte en el aumento de frecuencia. En ambos casos siempre con una buena base -puedes empezar con los ejercicios de técnica de carrera– y mejor con el asesoramiento de expertos para volver a correr como niños.