El pico Gilbo (1.679 m.), conocido también como el Cervino leonés, se encuentra en la cordillera Cantábrica, en la montaña Oriental Leonesa, teniendo a sus pies el embalse de Riaño.

Es difícil no fijar la vista en su perfil piramidal, afilado y aislado cuando uno se balancea en el «columpio más grande del mundo». Aunque no sea la montaña más alta del entorno, su silueta destaca con una fuerza extraordinaria sobre el horizonte.

Lejos de ser una gran cumbre por altura, el Gilbo nos conquista por la calidad de su ascensión. Hayedos de cuento, aristas que añaden alguna emoción al recorrido, las aguas del embalse encajadas entre montañas, cual lejano fiordo, y amplias panorámicas convierten la ruta en una experiencia difícil de olvidar.

Hacer esta ascensión en verano se puede considerar de dificultad moderada. No tiene un desnivel muy elevado, unos 675 m., pero todo él se concentra en apenas un par de kilómetros.

La ruta que nosotros hicimos se inicia en la pista que parte a la izquierda antes de cruzar el viaducto de acceso a Riaño. Este camino bordea las aguas del embalse hasta alcanzar un desvío a la izquierda que nos sube por el camino Vadiniense, paralelos al arroyo de Vallarque, bosque arriba y en fuerte subida.

Acabado ese tramo y ya por encima del bosque, lo siguiente es buscar el collado de La Pedrera. A partir de aquí, el camino afronta la parte más exigente de la ascensión que conduce hasta la cumbre. Es una zona con mucha piedra, en algunos casos con algún paso técnico y donde hay que prestar cierta atención, sobre todo cuando hay muchas personas realizando el mismo recorrido. Afortunadamente no ha sido nuestro caso, pues solamente nos cruzamos con una persona, pero hemos visto fotos en las que parece el Everest en plena temporada de ascensiones.

Un ratito en la cumbre y desandamos el camino para llegar al collado de La Pedrera, donde nos desviamos hasta el Collado Vallarqué. Desde aquí, bajada rápida y directa por la Canal del Moro y su bonito bosque, llegamos al Mirador de Biescas y luego a la Cueva de la Vieja del Monte. Una visita rápida a la cueva y de nuevo a la pista que bordea el embalse de vuelta al aparcamiento.

Bonita actividad, corta, no excesivamente exigente, pero donde debemos estar atentos, volviendo a destacar el consejo de evitar su ascenso en épocas con mucha afluencia de personas.

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